Y te daré descanso

Apocalipsis 2:2-5 nos advierte: Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos; y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado. Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor. Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido.
En la iglesia y en el mundo hay que trabajar arduamente, con esfuerzo y sobre todo, con paciencia hacia nuestros hijos, cónyuges, hermanos y jefes. Todo debemos hacerlo por amor al Señor. Pareciera que en esta Escritura, el Señor se dirige a quienes cumplieron con el mandato que Josué recibió: “esfuérzate y sé valiente, no temas ni desmayes porque mi Dios estará contigo en todo lo que emprendas y serás prosperado”. Pero luego de decir todo lo bueno, viene la advertencia. Así es el Espíritu Santo que primero dice lo positivo y después lo negativo. Es una excelente idea imitarlo y aprender a corregir exaltando primero las virtudes antes de criticar los defectos. A uno de mis hijos le costó un poco más aprender en el colegio y se afligía por las malas notas. Cuando sacaba números rojos que significaban una materia reprobada, yo le decía que primero viera todas las materias ganadas que tenía una nota en azul. Eso significaba que los números rojos pronto se convertirían en azules. Ahora que está en la universidad se acercó para contarme que sacó 105 en matemática porque hizo hasta los trabajos extra. Aprendió con una buena motivación.
Cuando esta Palabra habla del caído, no se refiere a un pecador o adúltero sino a quienes sirven a Dios pero con la actitud incorrecta. Dios está hablando de líderes, pastores y cabezas de grupo que han perdido la pasión del primer amor en el servicio. La actitud es importante. No es suficiente que te esfuerces por llevar lo necesario a tu hogar si no lo haces con el mismo amor que sentían al inicio. Debes pagar la universidad de tus hijos con el entusiasmo con el que les pagaste el kínder, cuando los dejabas con su lonchera en las puertas del colegio. Nunca pierdas la pasión y buena actitud de las primeras obras. El Señor no solo quiere nuestro trabajo, también desea que todo lo hagas con la actitud correcta, con ese mismo amor del inicio. Nuestras oraciones deben ser tan intensas y con la emoción del principio aunque más maduras, no sea que digan: “mira de dónde has caído”.







